Porfirio Díaz

245px-Porfirio_Diaz_in_uniformJosé de la Cruz Porfirio Díaz Mori nace en Oaxaca en 1830. Queda huérfano de padre a los tres años de edad. Ingresa en el Seminario de Oaxaca para seguir la carrera eclesiástica, pero pronto cambia de opinión. Cursa estudios de leyes en el Instituto de Ciencias y Artes, donde es discípulo de Benito Juárez, quien imparte derecho civil; en adelante será seguidor suyo en lo político. El Instituto es clausurado por orden del presidente Santa Anna en 1854. Ese mismo año interviene en la Revolución de Ayutla y apoya al general Juan Álvarez para derrocar a Antonio López de Santa Anna. Poco después, Porfirio Díaz ingresa al ejército, y su carrera militar es meteórica. En la guerra de Reforma de 1858 a 1861, apoya la causa liberal. La guerra concluye con la victoria de los liberales y lleva a la presidencia a Benito Juárez en 1861. Finalizada la contienda, Porfirio Díaz asciende a general y es elegido diputado.  Un año más tarde toma de nuevo las armas contra la invasión francesa de 1862 a 1863 y la coronación de Maximiliano I de 1864 a 1867,  como emperador de México. Es jefe de brigada en Acultzingo en abril de 1862 y ese mismo año participa en la batalla de Cinco de Mayo al lado de Ignacio Zaragoza. En 1867 protagoniza una brillante acción militar en Puebla: tras sitiar la ciudad, realiza un asalto sangriento y rápido contra las tropas del emperador Maximiliano, que se refugian en los cerros de Loreto y Guadalupe. Sin perder tiempo, avanza hacia la capital de la República y la toma el 2 de abril de 1867, hecho que fue de gran trascendencia militar, pues adelantó la caída del Imperio de Maximiliano y el triunfo de Juárez. El prestigio y popularidad ganados en esta última campaña lo deja en situación de optar a la presidencia; pero el Congreso prefiere a Benito Juárez en 1867 y lo reelige en 1871. En noviembre del mismo año Porfirio Díaz lanza el llamado Plan de La Noria, en el que se pronuncia contra el reeleccionismo y el poder personal y a favor de la Constitución de 1857 y de la libertad electoral. La sublevación fracasa y Díaz tiene que abandonar el país. Juárez fallece en 1872, y una amnistía concedida entonces, permite a Díaz regresar a México. Tras la muerte de Juárez, la presidencia recae en Sebastián Lerdo de Tejada. Cuando en 1876 Lerdo de Tejada anuncia su propósito de presentarse a la reelección, Porfirio Díaz se rebela de nuevo (Plan de Tuxtepec); esta vez consigue expulsar a Lerdo de Tejada y accede a la presidencia. Un año después, en 1877, el Congreso lo declara presidente constitucional. Su primer mandato es de 1876 a 1880. Coherente con sus ideas, impulsa una reforma de la constitución en la que se introduce el veto expreso a las reelecciones presidenciales consecutivas. Concluido su periodo, pasa la estafeta al general Manuel González, presidente de 1880 a 1884. Durante el gobierno de González, Díaz es ministro de Fomento y gobernador de Oaxaca. Finalizado su mandato González, Porfirio Díaz presenta de nuevo su candidatura a la presidencia. La constitución sólo veta las reelecciones consecutivas,  y sale elegido. Toma posesión del cargo el 1 de diciembre, y tres años más tarde promueve una enmienda, que es aprobada por el Congreso, al artículo 78 de la Constitución, la cual le acredita para una nueva reelección. En 1890 promulga una nueva reforma de dicho artículo para hacer posible la reelección indefinida, lo que le permite permanecer en el poder hasta 1911. Con una política de mano dura, Porfirio Díaz trata de eliminar las diferencias de opiniones sobre asuntos políticos, y se dedica a mejorar el funcionamiento del gobierno. “Poca política y mucha administración” es el lema de aquel tiempo.  La paz no es total, pero Díaz consigue mantener el orden mediante el uso de la fuerza pública. Policías y soldados persiguen lo mismo a bandoleros que a opositores. Gracias a esa nueva situación de estabilidad, se hace posible el desarrollo económico. El país cuenta con recursos y los empresarios pueden obtener buenas ganancias. Cada vez fue más difícil mantener el orden: en los últimos años del Porfiriato reina un clima de represión. De ello dan muestra la torpeza con que se negocian y la dureza con que se reprimen las huelgas de Cananea en 1906 en Sonora, y de Río Blanco en 1907 en Veracruz; así como el modo en que se persigue a los periodistas que critican al régimen. Durante su mandato, se tienden 20,000 kilómetros de vías férreas. Las líneas de ferrocarril se trazan hacia los puertos más importantes y hacia la frontera con los Estados Unidos de América para facilitar el intercambio comercial. También sirven para facilitar la circulación de productos entre distintas regiones de México, y como medio de control político y militar. El correo y los telégrafos se extendien por buena parte del territorio nacional. Se fundan algunos bancos, se organizan las finanzas del gobierno. Se regulariza el cobro de impuestos y, poco a poco, se van pagando las deudas. De gran significación es la recuperación del crédito nacional en el mundo entero; la hacienda pública registra sobrantes por primera vez desde la independencia. Se fomenta  la explotación de los recursos petrolíferos del país mediante inversiones extranjeras, inevitables al no contarse con los recursos económicos y tecnológicos, para ello. Se reanuda y mejora asimismo el laboreo de minas, y la minería vive un periodo de oro. En 1901 México es el segundo productor de cobre en el mundo. La industria textil se desarrolla con capital francés y español y favoreciendo el establecimiento en el país de poderosas instituciones financieras francesas. En los estados de Puebla y Veracruz se construyen grandes fábricas de hilados y tejidos. Puede hablarse también de una era de prosperidad en la ganadería y en la agricultura, que progresa espectacularmente en Yucatán, en Morelos y en La Laguna, con vastas producciones de henequén, caña de azúcar y algodón. Se hacen grandes esfuerzos por extender la educación pública, con mayor atención a las ciudades que al campo. Cada vez más mexicanos pueden seguir estudios superiores y se empieza a formar en todo el país una clase media de profesionales y empleados públicos. Se enriquece la vida cultural con nuevos periódicos, revistas y libros escritos e impresos en México. Los teatros presentan compañías y actores europeos, y se extiende el cinematógrafo. La vida intelectual tiene hitos importantes. Justo Sierra inaugura la Universidad Nacional. José María Velasco plasma en cuadros maravillosos el esplendor del paisaje mexicano. Saturnino Herrán pinta una impresionante serie de cuadros con gente del pueblo y con alegorías a la mexicanidad, y José Guadalupe Posada logra vigorosos grabados con escenas de la vida diaria. En 1908, Porfirio Díaz concede una entrevista al periodista norteamericano James Creelman, en la cual afirma que México ya está preparado para tener elecciones libres. La noticia llena de optimismo a una nueva generación que quiere participar en la vida política de la nación. Surgen así varios líderes y partidos políticos, y se escriben libros y artículos que discuten la situación del país y la solución de sus problemas. Uno de esos líderes es Francisco I. Madero. Él había estudiado y viajado fuera de México, pues viene de una familia de hacendados y empresarios. Madero funda el partido Antirreeleccionista, del que se postula candidato. Después se dedica a viajar por todo el país para explicar sus ideas políticas, algo que no se veía desde los tiempos de Juárez. Madero se hace muy popular y despierta grandes esperanzas de cambio. Pero el éxito de su campaña lo convierte en un peligro para el gobierno de Porfirio Díaz, y poco antes de las elecciones de 1910 es detenido en Monterrey y encarcelado en San Luis Potosí. Allí recibe la noticia de que Díaz, una vez más, ha sido reelegido para la presidencia. Mediante el pago de una fianza sale de la cárcel, aunque debe permanecer en la ciudad. Sin embargo, a principios de octubre Madero escapa a los Estados Unidos de América, donde proclama el Plan de San Luis. En ese documento, Madero denuncia la ilegalidad de las elecciones y desconoce a Porfirio Díaz como presidente. Se declara él mismo presidente provisional, hasta que se realicen nuevas elecciones. Promete que se devolverán las tierras a quienes hubieren sido despojados de ellas, y pide que se defienda el sufragio efectivo y la no reelección de los presidentes. También hace un llamamiento al pueblo para que el 20 de noviembre de 1910 se levante en armas y arroje del poder al dictador. El ejército de Porfirio Díaz, que había mantenido la paz durante décadas, parece muy fuerte, pero en realidad es débil frente al descontento general. En sólo seis meses las fuerzas maderistas triunfan sobre las del viejo dictador. La acción definitiva es la toma de Ciudad Juárez por los revolucionarios Pascual Orozco y Pancho Villa, que se unen a Madero. En esa misma ciudad, en mayo de 1911, se firma la paz entre el gobierno de Díaz y los maderistas. Porfirio Díaz renuncia a la presidencia, que pasa a ocupar Francisco I. Madero tras ganar la elecciones. Sale del país rumbo a Francia, donde muere el 2 de julio de 1915 a la edad de 84 años. Sus restos descansan en el cementerio de Montparnasse de esa ciudad. Comentarios en pacuriosos@gmail.com

Fuentes: http://www.biografiasyvidas.com/ y  http://www.buscabiografias.com/

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