Historia del Organillero

2769225289_1eb21e243e_bEl organillo es un instrumento musical que nace en siglo XVII en Europa. Consiste en una caja portátil con una manivela. El cilindro de madera hueca tiene unas púas o puntillas de metal ordenadas de manera que cada una es una nota de la melodía. Cada melodía está grabada en unas mil 200 puntillas y un cilindro puede tocar ocho piezas; es decir, tiene aproximadamente 9 mil 600 puntillas. Al girar la manivela, además del cilindro se mueve un fuelle, que sopla en una caja que distribuye el aire de manera uniforme. El sonido se produce cuando las púas del cilindro chocan con la punta de acero de las teclas; éstas suben y tapan las válvulas de las cornetas, impulsando el aire hacia la salida de cada una. Emiten un sonido melancólico y dulce. La caja tiene un fino trabajo de marquetería, y está barnizada y pintada con una decoración de flores en la parte inferior de la carátula. Lleva un paño en la parte superior y vistas de latón en el sotabanco. Alrededor de 1880, la casa de instrumentos musicales “Wagner y Levien” trae a México y a América Latina desde Alemania, los primeros organillos. Esta casa fundada por inmigrantes alemanes, rentaba los organillos a personas, para que estos ganaran dinero al hacerlos sonar en las ferias y plazas. Poco a poco se incorporaron en su repertorio melodías mexicanas, como valses de Juventino Rosas y canciones de la Revolución mexicana. Después fueron importados por otras casa de instrumentos musicales, siendo los más comunes los fabricados por Frati & Company. Pomposo Gaona, llegó a adquirir hasta 250 organillos alrededor de la década de los treinta, cuando se dejaron de fabricar en Alemania. En México hay una organización que se distingue por su uniforme café; tomado de los uniformes del ejército de Francisco Villa. Existe también otra organización que utiliza uniforme gris. El pesado instrumento con su monopié, puede llegar a pesar 50 Kg. Usado inicialmente en circos y teatros la imagen del organillero acompañado por un mono, fue de lo más habitual; imitaba la forma europea de explotación. Este mono era comúnmente un mono araña. En el caso de Chile y la Argentina esta imagen fue más común, dada la cantidad de inmigrantes alemanes a esos países. El oficio de organillero es actualmente muy escaso, siendo Argentina, Chile y México, los países donde se conserva aun el oficio. Aunque es en México donde más predomina la tradición del organillero, es en Santiago de Chile, con Héctor Lizana y sus descendientes, la familia Castillo de Valparaíso, y Alfonso Rodríguez en Guatemala, que la fabricación y reparación de estos instrumentos continúa, los cuales tienen como principal mercado el mexicano. En Argentina, el último organillero de la ciudad de Buenos Aires fue Héctor Manuel Salvo, conocido como “Manu Balero”. Comentarios en: pacuriosos@gmail.com 

Fuentes: http://www.museohistoriamexicana.org.mx/ y https://es.wikipedia.org/

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